Hace poco recorrió las ocho cuevas con pinturas rupestres más importantes de Europa un arqueólogo de la Universidad de Pensilvania, Dean Snow.

Cualquiera que hubiera seguido sus pasos se hubiera extrañado, al ver que prestaba poca atención a los dibujos más sofisticados y populares, pero que se detenía y extraía un cuaderno de notas ante cada reproducción de una mano.

Al terminar su estudio, propuso un aspecto de las pinturas rupestres que no se le había ocurrido a nadie.

Las pinturas rupestres que sobreviven en nuestro país con generosidad, desaparecerán o serán puestas a recaudo, sustituidas por réplicas. Hoy todavía hay originales, como indica el cartel hacia el objetivo que persigo tras un grupo de tres ingleses; dos mujeres y un hombre. Se deduce que son andarines profesionales, por el manejo de los bastones de apoyo que usan como un apéndice.

La joven que guía su visita les señala algo, probablemente algún pájaro habitual en este sendero que discurre por el Barranco de Falfiguera, en Chulilla. Una de las mujeres aprovecha para extraer de su mochila un repelente contra mosquitos y yo aprovecho su parada para sobrepasarlos.

Desearía estar un par de minutos a solas ante las pinturas que hicieron los últimos cazadores-recolectores que anduvieron por aquí, antes de echarnos en manos de la agricultura y sus beneficios.

Los cultivos controlados, que ya alguien de entonces acusaría de “artificiales”, se recogen en menos tiempo que si hay que encontrarlos en la naturaleza, y eso produjo el primer tiempo libre, cosa que los que pintaron en estas paredes nunca tuvieron.

En la Comunidad Valenciana hay huellas de homínidos de hace 350.000 años, erectus ante los que ninguno de los que hacemos este camino sobreviviríamos si decidieran incluirnos en su menú;

también de la especie local europea, los neandertales que se extinguieron hace unos treinta mil años, dejando el planeta a la nueva especie, los autores de las pinturas a las que me dirijo, gente como nosotros, el último modelo del sapiens.

Se sabe poco todavía sobre la época en que los cazadores y recolectores comenzaron a compaginarse con los primeros agricultores, pero hay un periodo muy particular, más o menos cuando se hicieron las pinturas a las que me aproximo, que Iberia (para los griegos) o Hispania (para fenicios y romanos) entra en la Historia escrita con lenguaje alfabético;

la primera referencia histórica existente de nuestra península es de aquellos tiempos y de estos lugares del Mediterráneo, de los que tenemos escenas de caza, danzas, arqueros aislados, grupos de animales, todo con mucho movimiento.

Las pinturas ante las que me detengo por fin, no ofrecen pista alguna de actividad agrícola; Una de las figuras evoca a una cabra y otra a un toro o vaca, de perfil, pero con los cuernos de frente en perspectiva torcida.

En la Comunidad Valenciana hay 430 conjuntos de arte rupestre censados, y no se conoce la razón por la que estos fueron uno de los únicos dos atacados con una saña especial por bárbaros hace algún tiempo. Están protegidos por vallas, que no siempre son garantía de protección.

Hay pinturas de ésta época mejor conservadas y con elementos más abundantes en otros lugares, pero pocas contienen lo que esta: mujeres.

No sabemos qué hacen aquí, no danzan como en otras pinturas, y todo lo que se ha aventurado hasta el momento no pasan de especulaciones.

El arqueólogo estadounidense pasó semanas midiendo en cada mano de cada pared la longitud de los dedos, y publicó que tres de cada cuatro huellas son de manos femeninas.

La especulación que podía apoyar en esos datos implicaba un cambio radical porque, durante mucho tiempo, se ha pensado que aquellos pintores eran hombres, cazadores que plasmaron así sus hazañas, o que deseaban favorecer el éxito de futuras cacerías, pero Dean Snow abre una nueva puerta.

En la mayoría de las sociedades de cazadores-recolectores, los hombres se encargaban de matar las piezas, pero probablemente eran las mujeres quienes aplicaban los primeros tratamientos para su conservación y transporte hasta los asentamientos.

Los expertos tienen opiniones variadas sobre cómo interpretar los datos aportados por Snow, que está convencido de que los pintores eran en realidad pintoras.

Artículo de Carlos López-Tapia

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