Aguardo unos minutos a que se aleje el pequeño grupo que hace una visita guiada, para entrar en el puente colgante y detenerme en su centro, a solas, mientras llegan los siguientes paseantes.

El guía va contando la historia de los puentes originales que se llevó una riada en 1957.

Los puentes que cuelgan nos atraen por ese aroma de peligro que siempre desprende el vacío bajo nuestros pies. Si hay proporción entre la sensación y la altura, los quince metros que me separan del lecho del barranco son suficientes para mantener el atractivo excitante.

No hay muchos lugares en el mundo donde desde un puente colgante se puedan ver escaladores subiendo por las paredes del cañón que el puente salva. Es probable que este puente del río Turia sea casi único. Se ha convertido en los últimos años en un imán para escaladores de toda Europa. Si los imagino con otras ropas y en otros tiempos, parecería el asalto a una fortaleza inexpugnable de un comando.

Podrían ser aliados a la conquista de un nido de águila nazi… veo aproximarse a un trío de excursionistas. ¿Son chinos? Si. Hasta Chulilla, en el interior de Valencia llegan los chinos. ¿Por qué no? Con unos cuantos miles de años de civilización más que nosotros, no les faltará un puente colgante que recordar cuando pisen este.

Un puente colgante fue lo que proporcionó el escenario para el mito de la Larga Marcha de Mao: el puente del río Dadu. Ese río era una formidable barrera natural.

Con la primavera vertiendo el deshielo de las nieves del Himalaya, era un torrente furioso entre riscos. Era imposible vadearlo o cruzarlo a nado. No había forma de rodearlo y tan sólo un puente para atravesarlo, que había sido construido a principios del siglo XVIII como parte de la ruta imperial que unía la capital de Sichuán, con Lhasa, la capital del Tíbet.

El ejército rojo se detuvo ante el magnífico puente colgante de más de cien metros de largo y más de tres de ancho sostenido por trece cadenas de hierro, nueve en la base, y tablas tapando los huecos.

Es el icono del mito de la Larga Marcha, que se le brindó en 1936 al periodista Edgar Snow. Cruzar el puente, escribió entonces Snow, «fue el acontecimiento singular más crítico de la Larga Marcha». Así lo describe: « [los nacionalistas] habían quitado la mitad de las tablas del suelo de madera del puente y ante ellos [los comunistas] sólo colgaban las desnudas cadenas de hierro, hasta un punto que quedaba a mitad de camino, sobre la corriente.

En el extremo norte del puente, un nido de ametralladoras defendía el paso y un poco más allá se encontraban las posiciones defendidas por un regimiento de soldados blancos […] ¿Quién podía pensar que los rojos intentarían la locura de cruzar sobre las cadenas? Pero eso es exactamente lo que hicieron». Y relataba de qué modo muchos hombres recibían disparos y caían al río: «Sobre las tablas [que aún quedaban] echaron parafina, que empezó a arder.

Para entonces, unos veinte rojos que avanzaban agachados, como podían, lanzaban una granada detrás de otra al nido de ametralladoras enemigo».

Es una completa invención. No hubo ninguna batalla en el puente del río Dadu. Lo más probable es que el paraje inspirase la leyenda: el puente de cadenas sobre el río se antoja un lugar perfecto para hazañas heroicas.

El 29 de mayo, día en que los rojos llegaron al puente, no había tropas nacionalistas en la zona. Toda la historia es una mentira construida en honor del propio Mao, y que la inmensa mayoría de los chinos todavía no saben.Tal vez los que entran ahora en el puente sí. Es su turno de disfrutar de las vistas y termino de cruzar el puente, lo dejo libre para ellos.

Artículo de Carlos López-Tapia

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